Egina, a solo una hora del puerto de El Pireo, es para quienes buscan belleza sin multitudes. Aunque muchos vienen por sus templos antiguos, sus playas o sus pistachos, la isla tiene rincones menos conocidos donde encuentras su alma más auténtica. Hoy te invito a descubrir algunos de ellos.

1. El antiguo pueblo de Paleochora
Entre colinas cubiertas de olivos y pistacheros, Paleochora fue durante siglos la capital medieval de Egina. Hoy, sus ruinas silenciosas, más de 30 pequeñas iglesias bizantinas, muros de piedra y senderos escondidos, ofrecen una atmósfera mágica. Es el lugar perfecto para una caminata tranquila con vistas espectaculares al mar y al Templo de Afea.
2. La cala de Klima
Si buscas un baño sin aglomeraciones, sigue el camino costero desde Perdika y descubrirás Klima: una pequeña bahía de aguas cristalinas, ideal para nadar o hacer snorkel. Los pocos que la conocen llegan en bicicleta o en barco, lo que mantiene su ambiente sereno y local.

3. El mirador de Sfentouri
Desde este pequeño pueblo de montaña, las vistas sobre el Golfo Sarónico son inolvidables, especialmente al atardecer. Las cabras pastan libremente entre las casas, y los vecinos te recibirán con una sonrisa. Es uno de los mejores lugares para fotografías panorámicas.
4. El monasterio de Chrysoleontissa
Oculto entre pinares, este monasterio del siglo XVII es un remanso de paz. Su arquitectura austera y su patio interior lleno de flores invitan al silencio. Además, es un punto perfecto para comenzar rutas de senderismo hacia la montaña Oros, el punto más alto de Egina.

5. Isla de Moni
Este islote deshabitado es ideal para una excursión de un día. Para visitarlo, puedes tomar un barco desde Perdika o la ciudad de Egina. Sus senderos, playas de aguas turquesas y la presencia de ciervos y pavos reales en libertad hacen de Moni un lugar único para amantes de la naturaleza.
6. El arte escondido de la ciudad de Egina
Más allá del puerto, los cafés y las tiendas de pistachos, la ciudad de Egina guarda talleres de cerámica, galerías pequeñas y patios llenos de arte popular. Si te pierdes por sus callejones, quizá termines charlando con un artista local mientras disfrutas del aroma de pistachos recién tostados.

Consejo final
Egina no se disfruta deprisa. La esencia de la isla se revela a quien camina despacio, observa y conversa. Cada rincón tiene una historia y, si te dejas llevar, puede que descubras tu propia historia griega entre sus paisajes y sus habitantes.
Más información sobre la ruta: https://aegina-hiking.com/es/4-hrisoleontisa-3/


